jueves, 19 de diciembre de 2019

Dios En Nuestro Tiempo (Actraiser)





Actraiser no solo fue uno de los primero juegos del Super Nintendo, sino también un insigne estandarte de la ridícula pretensión de la subsidiaria americana de Nintendo de censurar los juegos de las maneras más ridículas con la intención de proteger a los niños de los temas sensibles pero ¿no que una temprana exposición a temas sensibles podría hacernos también mas consientes de ellos y mas dados a reflexionarlos para tratar de comprender mejor el mundo que nos rodea? Sea como fuere, este empeño nos privó de grandes historias y nos llevo a entender erróneamente otras tantas.

Tal es el caso del videojuego que motiva estas breves líneas, donde, en la versión original se nos cuenta la historia de la lucha entre Dios nuestro señor y Satanás, lucha que duró años. En un mundo donde la gente temía a Satán a la vez que adoraban al señor, fueron las huestes del maligno quienes se apoderaron de la tierra y convirtieron a sus habitantes en fieros demonios.

El señor había sido derrotado y con sus últimas fuerzas cayó en un profundo sueño de cien años al despertar observó como sus siervos habían perdido la fe y como la tierra, otrora hermosa se había convertido en un despojo de lo que antes había sido, así pues el señor se arma y junto a su fiel querubín ayudante baja a la tierra a poner fin a los planes de Satanás.

Quizá el momento mas reflexivo llega al final, cuando se explora el concepto relativo al agradecimiento y a nuestra naturaleza humana. Los seres humanos tienden a olvidar a quienes los han ayudado cuando se sienten en su zona de confort. Y cuantas veces nosotros mismos no hemos caído en ese error tan tremendo. Somos ayudados por alguien, pero este, al necesitarnos o al tender una mano, nosotros de manera ingrata damos vuelta la espalda y no volvemos a recordar a ese otro sino hasta que nos vemos nuevamente en el momento de la necesidad, y esa característica humana se aplica entre nosotros, no solo tiene que ver con Dios.

En mi país he escuchado muchas veces el dicho: todo mundo es ateo hasta que va cayendo el avión, y eso está relacionado justamente al punto que reflexionaba arriba. Mientras más  años cuento, tiendo a creer más en Dios, justamente porque realmente el ser humano, ni con todos sus portentos tecnológicos e intelectuales ha podido evitar la debacle que tiene el mundo hoy al borde del colapso y ¿no sería hermoso poner la fe en aquel que es muy grande como para fallar? Y no, no soy un tipo religioso, pero no creo que el ser humano sea tan racional ni reflexivo como dice ser, de otro modo, todo sería muy distinto.

Quizá rescato que este juego pone a Dios en contexto como lo que es: un ser justiciero que está dispuesto a darlo todo por el bienestar de quienes confían en el, muy diferente a que quienes hoy hablan de él son capaces de hacer cosas deleznables en su nombre y, seamos francos, le hacen un flaco favor al mundo.

Quizá al terminar este juego, me hace pensar que ser Dios no debe ser fácil, debe estar lleno de ingratitudes y frialdad. Pero también de la tristeza que ha de sentirse ser un plato de segunda mesa para aquellos a quienes intentas ayudar.  Pero no importa como sea, Dios siempre parece estar ahí para recordarnos que hay mucho más en la vida de lo que podemos ver con nuestros ojos y nuestro limitado entendimiento. Ser Dios en nuestro tiempo es tarea difícil, pero seguro un día de estos volverá a abrir los ojos y la tierra volverá a ser objeto de su poder, y nos recordara nuevamente nuestra pequeñez.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Reloj Del Arnagedon ( The Guardian Legend)










Fue a mediados del año 1999 cuando tuve la oportunidad de jugar este título y de ello me recuerdo claro  pues la efervescencia del apocalipsis estaba en uno de sus puntos más álgido. Diccionario en mano traduje todo el prologo y me quede extrañado ya que, para un niño de pocos años era muy extraño todo: un planeta lleno de criaturas malignas que se acercaba a la tierra.
                                    
Mientras la música del luego sonaba, en el teléfono mi abuela se despedía entre lagrimas de una vieja amiga mientras juntas recordaban anécdotas sobre los momentos que habían pasado mientras entre sollozos mi abuela parecía entrar en desesperación sobre un sillón repitiendo no estar preparada para morir aun. Para aquellos días yo estaba tratando de entender el porqué del  fin del mundo ¿bombas atómicas? ¿Computadores esquizofrénicos? La histeria colectiva no me traía para nada bien.  No ayudaba francamente de mucho el hecho de vivir rodeado de vecinos supersticiosos que supuestamente veían aureolas en el sol y que inventaban toda clase de historias fantásticas para justificar su paranoia, esto por allá de octubre del 99.

No conocí a H.R Giger sino hasta entrados mis quince años, cuando mis fascinaciones estaban fundidas en la imaginería gótica, alienígenas y la estética Cyberpunk, pero la portada del juego me inquieto ¿Qué serían aquellos ojos furiosos? ¿Sería el fuego de aquella fotografía un presagio del futuro por venir? Quizá por esas impresiones, las computadoras y la tecnología actual siempre me causo y sigue causando alarma, susto incluso diría, creamos maquinas fantásticas que luego no podemos controlar. La cibernética no me ha causado el placer cuasi erótico que muchos esperan y recuerdo este título como un juego que a pesar que me remite a muchos miedos de niñez, también a esa fascinación enfermiza que aun hoy sigo profesando por el futuro.  Los supersónicos aquellas primeras horas de los dos miles, luego de sentir el abrigo de sabernos con vida, puse mi corazón en mis manos emocionado a rabiar por saberme en el dos mil, en aquella fantástica fecha que mis abuelos y muchas otras generaciones habían ensoñado. Pero solo bastaría un año de espera para sentir la decepción de saber que este futuro no era exactamente lo que de niño soñé

Hoy ya más adulto al jugar este título tiendo a hacerme la misma pregunta que no podía contestarme de pequeño:  ¿Por qué esa obsesión por morir?  Esa fascinación enfermiza por la angustia. Y aun hoy, a casi veinte años de ese dos mil, aun puedo ver a ese niño, pero también cuento los fines de mundo a los que he sobrevivido, y el reloj del Armagedón sigue su marcha atrás.  No creo en pitonizos, si algo se acaba, siquiera lo veremos venir.

¿Tan difícil es saber nuestro miedo a la muerte es natural? ¿Para que la obsesión de adelantar la fecha? Aun no hemos creado el androide que nos libere del peso del fin cuando el día llegue. No somos capaces de entender nuestro mundo y aun así pensamos que todo el quehacer del universo gravita en torno a nosotros y nuestros afanes autodestructivos

Vivamos y dejemos vivir, los momentos mas felices del ser humano son aquellos en los que nos atrapa el breve olvido de la muerte, y que bueno que así sea. Mientras me preparaba para escribir estas líneas mire el cielo y suspiré, no sé, supongo que pensé que muy probablemente, en algún lugar del universo, Naju venga en camino mientras el reloj del Armagedón sigue contando atrás.

Dios En Nuestro Tiempo (Actraiser)

Actraiser no solo fue uno de los primero juegos del Super Nintendo, sino también un insigne estandarte de la ridícula pretensión d...