Actraiser no solo
fue uno de los primero juegos del Super Nintendo, sino también un insigne
estandarte de la ridícula pretensión de la subsidiaria americana de Nintendo de
censurar los juegos de las maneras más ridículas con la intención de proteger a
los niños de los temas sensibles pero ¿no que una temprana exposición a temas
sensibles podría hacernos también mas consientes de ellos y mas dados a
reflexionarlos para tratar de comprender mejor el mundo que nos rodea? Sea como
fuere, este empeño nos privó de grandes historias y nos llevo a entender erróneamente
otras tantas.
Tal es el caso del
videojuego que motiva estas breves líneas, donde, en la versión original se nos
cuenta la historia de la lucha entre Dios nuestro señor y Satanás, lucha que duró
años. En un mundo donde la gente temía a Satán a la vez que adoraban al señor,
fueron las huestes del maligno quienes se apoderaron de la tierra y convirtieron
a sus habitantes en fieros demonios.
El señor había sido
derrotado y con sus últimas fuerzas cayó en un profundo sueño de cien años al
despertar observó como sus siervos habían perdido la fe y como la tierra,
otrora hermosa se había convertido en un despojo de lo que antes había sido, así
pues el señor se arma y junto a su fiel querubín ayudante baja a la tierra a poner
fin a los planes de Satanás.
Quizá el momento mas
reflexivo llega al final, cuando se explora el concepto relativo al
agradecimiento y a nuestra naturaleza humana. Los seres humanos tienden a
olvidar a quienes los han ayudado cuando se sienten en su zona de confort. Y cuantas
veces nosotros mismos no hemos caído en ese error tan tremendo. Somos ayudados
por alguien, pero este, al necesitarnos o al tender una mano, nosotros de
manera ingrata damos vuelta la espalda y no volvemos a recordar a ese otro sino
hasta que nos vemos nuevamente en el momento de la necesidad, y esa característica
humana se aplica entre nosotros, no solo tiene que ver con Dios.
En mi país he
escuchado muchas veces el dicho: todo mundo es ateo hasta que va cayendo el avión,
y eso está relacionado justamente al punto que reflexionaba arriba. Mientras más años cuento, tiendo a creer más en Dios, justamente
porque realmente el ser humano, ni con todos sus portentos tecnológicos e
intelectuales ha podido evitar la debacle que tiene el mundo hoy al borde del
colapso y ¿no sería hermoso poner la fe en aquel que es muy grande como para
fallar? Y no, no soy un tipo religioso, pero no creo que el ser humano sea tan
racional ni reflexivo como dice ser, de otro modo, todo sería muy distinto.
Quizá rescato que
este juego pone a Dios en contexto como lo que es: un ser justiciero que está
dispuesto a darlo todo por el bienestar de quienes confían en el, muy diferente
a que quienes hoy hablan de él son capaces de hacer cosas deleznables en su
nombre y, seamos francos, le hacen un flaco favor al mundo.
Quizá al terminar
este juego, me hace pensar que ser Dios no debe ser fácil, debe estar lleno de
ingratitudes y frialdad. Pero también de la tristeza que ha de sentirse ser un
plato de segunda mesa para aquellos a quienes intentas ayudar. Pero no importa como sea, Dios siempre parece
estar ahí para recordarnos que hay mucho más en la vida de lo que podemos ver
con nuestros ojos y nuestro limitado entendimiento. Ser Dios en nuestro tiempo
es tarea difícil, pero seguro un día de estos volverá a abrir los ojos y la
tierra volverá a ser objeto de su poder, y nos recordara nuevamente nuestra pequeñez.



